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Causa de error de juicio № 23

Tendencia a la palabrería

La gente produce y consume grandes cantidades de charla vacía, que desplaza y distrae del trabajo serio.

Munger tomó prestada una imagen de la biología: entre las abejas melíferas, una exploradora que encuentra néctar comunica su ubicación mediante una danza precisa, pero los experimentos demuestran que una abeja a la que se le plantea una situación absurda danza de todos modos un galimatías confuso y sin sentido. Los humanos, decía, hacen lo mismo. Estamos programados para parlotear, y buena parte de lo que la gente dice y escribe es palabrería: discurso que suena seguro pero que no transmite ninguna información real.

El daño práctico no es la insensatez en sí, sino lo que desplaza. En cualquier organización hay personas que son genuinamente productivas y personas que sobre todo son hábiles para hablar, y los habladores consumen el tiempo y la atención de quienes hacen el trabajo, entorpeciéndolo con reuniones, opiniones y ruido. La preocupación de Munger era que el parloteo de los improductivos distrae a los productivos de las tareas serias que de verdad importan.

Su receta era a la vez de gestión y personal: mantén a las personas que hacen el trabajo real aisladas de los charlatanes, y disciplínate para distinguir la sustancia de la vacuidad que suena segura, incluida la tuya propia. Admiraba la comunicación concisa y densa en información, y tenía poca paciencia con el relleno verbal. La habilidad que vale la pena cultivar es reconocer cuándo un montón de palabras no ha transmitido nada, y negarse a dejar que esa función teatral sustituya al pensamiento o devore el tiempo de quienes están sacando las cosas adelante.