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Causa de error de juicio n.º 24

Tendencia a respetar las razones

Las personas obedecen mucho más fácilmente cuando se les da una razón, lo que favorece el aprendizaje real pero puede explotarse enunciando un «porque» carente de sentido.

Los seres humanos cooperan mejor y aprenden mejor cuando las cosas se explican con razones. Estamos hechos para responder al «porque», y una petición acompañada de una justificación logra mucha más obediencia que la misma petición sin explicación alguna. Esto es, en su mayor parte, algo bueno: es la razón por la que enseñar ideas como parte de una red de razones hace que se afiancen, y por la que Munger insistía en aprender siempre el porqué que hay detrás de un hecho en lugar de memorizarlo de forma aislada.

El abuso, demostrado por la psicóloga Ellen Langer, consiste en que la razón no tiene por qué ser buena: la mera forma de una razón suele bastar. En su experimento, alguien que intentaba colarse en la fila de la fotocopiadora obtenía mucha mayor disposición a cederle el paso si añadía «porque tengo que hacer copias» —que no es razón alguna (todos en la fila están allí para hacer copias)— que si lo pedía sin justificación. La palabra «porque» activaba la tendencia aunque su contenido fuera vacío.

De modo que la tendencia funciona en ambos sentidos. Úsala con honestidad: cuando quieras cooperación, da a la gente las verdaderas razones, y cuando quieras aprender o enseñar, ancla cada hecho a la causa que hay detrás, porque así es como el conocimiento se vuelve utilizable. Protégete también de ella: cuando alguien te ofrezca un «porque», comprueba si la razón realmente se sostiene, ya que un argumento hueco puede ganarse tu conformidad solo por la fuerza de su forma. Munger consideraba que aprender las razones genuinas que hay detrás de las cosas era uno de los hábitos centrales de una mente educada.