Causa de error de juicio n.º 15
Tendencia a la prueba social
Cuando no sabe cómo actuar, la gente copia a la multitud, de forma automática y a menudo sin pensar, sobre todo bajo estrés o confusión.
Ante la incertidumbre, el cerebro toma un atajo: haz lo que hacen los demás. Durante casi toda la historia humana, copiar al grupo fue una apuesta acertada: si la manada corre, corres primero y preguntas después. El mecanismo es automático y en gran medida inconsciente, y Munger señalaba que es más fuerte precisamente cuando la gente está desconcertada o estresada, que es cuando menos puede permitirse delegar su juicio.
El sombrío caso de laboratorio es el efecto espectador: una persona en evidente apuro en una calle concurrida puede ser ignorada por decenas de personas, porque cada testigo, al no ver reaccionar a nadie más, concluye que no debe de ser una emergencia real. Todos interpretan la inacción de todos los demás como prueba, y la multitud se convence a sí misma de no hacer nada. La alegre versión comercial es la misma fuerza: «más vendido», las largas colas y las risas grabadas funcionan todas señalando que otros ya han elegido, así que tú también deberías hacerlo.
En la inversión, la prueba social impulsa burbujas y pánicos: los precios suben porque están subiendo y la gente se sube en masa, y luego se desploman porque están cayendo y la gente huye, con la conducta de la multitud sustituyendo cualquier estimación independiente del valor. La defensa de Munger era aprender a ignorar a la multitud cuando ya has hecho tu propio razonamiento, y desconfiar especialmente de cualquier conclusión que sostengas solo porque muchos otros la sostienen. Valoraba el temperamento de mantenerse aparte —ser codicioso cuando otros tienen miedo y temeroso cuando otros son codiciosos—, precisamente porque va a contracorriente de esta tendencia.