Causa de error de juicio n.º 21
Tendencia a la mala influencia de la senescencia
El deterioro cognitivo llega con la edad, pero el aprendizaje y la práctica continuos lo frenan, así que la respuesta es mantener la mente en funcionamiento.
Munger, que siguió pensando con lucidez hasta bien entrados los noventa años, era honesto al admitir que el envejecimiento trae un deterioro cognitivo real. Los cerebros más viejos pierden cierta capacidad, sobre todo para adquirir destrezas genuinamente nuevas, y —debido a las tendencias afines del amor propio y la negación— quienes están en declive suelen ser los últimos en reconocerlo. No fingía lo contrario, y con razón lo contaba entre las causas habituales del error de juicio humano.
La mitad esperanzadora es que el deterioro no es uniforme y puede frenarse de forma sustancial. Munger lo conectaba directamente con la tendencia de «úsalo o piérdelo»: las destrezas que se practican de continuo se conservan mucho mejor que las que se dejan oxidar, y una mente mantenida en uso vigoroso y variado envejece con más gracia que otra a la que se deja ir a la deriva. Algunas personas muy ancianas, a fuerza de ejercicio mental de por vida, conservan capacidades de las que carecen personas mucho más jóvenes.
Su conclusión práctica era seguir aprendiendo y seguir pensando, de forma deliberada y sin tregua, como la mejor defensa disponible contra la erosión que de otro modo trae la edad. La misma dedicación continua y multidisciplinar que vuelve más sabia a una persona en la madurez es la que mantiene la maquinaria en marcha durante más tiempo en la vejez. Es, una vez más, el ideal de la «máquina de aprender», y la propia vida larga y productiva de Munger se ofrecía como prueba de que la estrategia funciona.