Causa de error de juicio n.º 13
Tendencia al optimismo excesivo
Incluso en ausencia de toda amenaza, las personas están programadas para esperar que las cosas salgan mejor de lo que las probabilidades justifican.
Munger se remontó al antiguo orador griego Demóstenes para esta: «Lo que un hombre desea, eso también lo creerá». La gente no se limita a esperar buenos resultados: los da por hechos, y los da por hechos en proporciones que la evidencia no respalda. Este optimismo por defecto opera incluso cuando nada lo empuja; sencillamente, así está calibrada la mente.
Puede verse incorporado al comportamiento humano por todas partes. Los jugadores de lotería esperan de verdad ganar contra probabilidades astronómicas. La mayoría de los nuevos empresarios creen que su proyecto superará la tasa base de fracaso, aun cuando esa tasa base es bien conocida y sombría. Las parejas se casan convencidas de que no serán ellas las que se divorcien; los fumadores dan por sentado que la enfermedad le tocará a otro. Cada individuo se siente la excepción, y el optimismo agregado se aparta enormemente de las estadísticas.
El correctivo que Munger prescribía es combatir el pensamiento ilusorio con aritmética fría: las matemáticas elementales de la probabilidad que Pascal y Fermat desarrollaron. Cuando es el optimismo el que hace tus pronósticos, debes consultar deliberadamente las tasas base: con qué frecuencia tienen éxito en realidad proyectos como este, con qué frecuencia los de este tipo se entregan a tiempo y dentro del presupuesto. Los números son poco glamurosos y suelen ser decepcionantes, que es exactamente la razón por la que la gente los pasa por alto y por la que disciplinarse a mirarlos constituye una ventaja duradera.