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Causa de error de juicio n.º 12

Tendencia a la autoestima excesiva

Nos sobrevaloramos de forma sistemática a nosotros mismos, nuestras posesiones y nuestras conclusiones: la mayoría de la gente cree sinceramente que está por encima de la media.

Casi todo el mundo se sobrevalora. Las encuestas constatan, de forma célebre, que la gran mayoría de la gente se considera mejor conductor que la media, lo cual es estadísticamente imposible. La misma inflación se aplica a nuestra inteligencia, nuestro juicio, nuestras decisiones pasadas e incluso nuestras cosas: Munger señalaba el «efecto dotación», por el que valoramos más algo por el simple hecho de poseerlo, como una de las caras de esta tendencia. El yo se ve mejor desde dentro de lo que en realidad es.

Una forma más trascendente es sobrevalorar nuestras propias conclusiones, lo que nos vuelve reacios a aceptar consejos o a revisar nuestro razonamiento. También distorsiona la contratación y el juicio sobre las personas: los entrevistadores dan un peso excesivo a la impresión visceral que les produce un candidato y creen sistemáticamente que pueden leer el carácter en una conversación, cuando la evidencia dice que las trayectorias estructuradas predicen mucho mejor. Munger observaba que el hombre que se equivoca pero está convencido es especialmente peligroso, y que la autoestima excesiva fabrica justo esa combinación.

El lado constructivo es que puedes aprovechar esta tendencia: las personas se enorgullecen más, y se comportan de forma más responsable, con aquello con lo que se identifican, de modo que las culturas y las marcas que la gente siente como “suyas” se ganan una lealtad genuina. Pero para pensar con claridad la regla es dar por hecho que te estás sobrevalorando, incorporar controles objetivos y respetar un buen historial por encima de una impresión segura de uno mismo —incluida la tuya propia—. Munger acompañaba esto con una humildad ganada a pulso: la forma de adquirir una buena reputación, decía, es procurar ser lo que quieres aparentar, porque el autohalago tira por defecto en sentido contrario.