Causa de error de juicio n.º 4
Tendencia a evitar la duda
La mente está programada para eliminar la incomodidad de la duda llegando rápido a una decisión, algo peligroso cuando la situación exige una incertidumbre paciente.
La duda es incómoda, y el cerebro está construido para hacer desaparecer esa incomodidad saltando deprisa a alguna conclusión. Durante casi toda la historia humana esto resultó útil: una criatura paralizada por la indecisión ante un depredador no sobrevive. El problema es que ese mismo mecanismo se dispara en situaciones en las que precipitar una decisión es justo lo que no hay que hacer.
Munger observó que esta tendencia se activa y se amplifica sobre todo por dos cosas: el desconcierto y el estrés. Cuando las personas están confundidas o bajo presión, el impulso de despejar la duda —de decidir de una vez y zanjar el asunto— se vuelve más fuerte, no más débil. Los vendedores, los reclutadores de sectas y los negociadores agresivos lo saben y fabrican confusión y presión de tiempo a propósito para que la víctima se aferre a la primera respuesta a mano.
La defensa práctica es reconocer que la incomodidad de no saber es una sensación, no un hecho, y que algunas decisiones mejoran si uno se sienta deliberadamente en la duda durante más tiempo. Munger admiraba a los jueces y a los científicos precisamente porque sus profesiones están entrenadas para suspender el juicio hasta que llegan las pruebas. Cuando sientas el picor de «decidir ya» —sobre todo bajo presión o en medio de la confusión—, ese picor es una señal para ir más despacio, no más deprisa.