Causa de error de juicio n.º 3
Tendencia a la antipatía/el odio
Una vez que alguien nos cae mal, ignoramos sus virtudes, detestamos todo lo asociado a esa persona y distorsionamos los hechos para mantener vivo nuestro odio.
Esta es la imagen especular de la tendencia al aprecio/el amor, y resulta igual de automática. Una vez que nos desagrada una persona, un grupo o una institución, restamos importancia a sus verdaderas virtudes, extendemos el rechazo a todo lo relacionado con ellos y retorcemos los hechos que nos llegan para justificar la antipatía. Si es lo bastante intensa, vuelve casi imposible pensar con acierto, porque la mente distorsionará la propia realidad antes que reconocer mérito alguno a la parte odiada.
Puedes verla actuar en cualquier disputa enconada: un divorcio, una rivalidad política, una pelea familiar por una herencia. Cada bando narra una historia en la que el otro ha sido siempre injusto, egoísta y malintencionado en todo momento, sin un solo gesto que lo redima. La realidad nunca es tan unilateral. Cuanto más impecable es el villano del relato, más ha doblado esta tendencia el juicio de quien lo cuenta.
Lo que sostiene Munger no es que nunca debas sentir antipatía por nadie: algunas personas e ideas se la merecen. El riesgo está en que esa antipatía contamine tu percepción de los hechos y de todo lo que orbita alrededor de la parte rechazada, llevándote a descartar buenas ideas por culpa de quién las defiende. La disciplina consiste en obligarte a exponer con justicia los argumentos del otro y a tomarte en serio un buen razonamiento aunque proceda de alguien a quien no soportas.